Práctica para la calma y la claridad.
En primer lugar, prepárate para utilizar tu mente de una nueva forma. Para practicar este ejercicio debes estar sentado cómodamente. Deja que se te cierren los párpados y comienza a pensar en la palabra “Relajar”. Mientras tanto, tu mente se relaja y comienzas a sonreír internamente. Deja que una sonrisa ilumine tu rostro al relajar la boca y la mandíbula, de forma simple, no forzada. Tus labios se ensancharán para formar una sonrisa. Esto no ocurre al intentar «hacer» algo, al contrario, es una forma de «no hacer» y dejarse llevar hacia la sonrisa. Esta sonrisa nos devuelve a nuestra inocencia innata, es nuestra apariencia más natural. Ahora debes prestar atención a tu postura corporal. Inclínate hacia delante para así evitar apoyarte en el respaldo.
Al comenzar a ser consciente de tu cuerpo, mientras lo conduces hacia su estado natural, serás consciente de tu mente, ya que ambos están íntimamente conectados. Cuando empieces a notar que tu respiración se alarga y profundiza, te sentirás cada vez más relajado. Y a medida que respiras de manera más profunda, dejando que vuelva a su ciclo más largo, te sentirás aún más relajado. Sin forzar tu respiración, notarás cómo tu pecho se expande y tus pulmones se llenan más de aire.
Mientras el pecho se expande, la caja torácica se abre y se desplaza ligeramente hacia arriba. La cabeza se alzará ligeramente y, si prestas mucha atención, te darás cuenta de que tus hombros caen y los músculos de la espalda relacionados con ellos se desplazan. El cuerpo vuelve a una posición equilibrada. Se asienta en la postura de alineamiento natural que tiene cuando no nos sentimos tensos ni tenemos ansiedad.
Deja que los músculos de la cara y las mandíbulas se relajen un poco más. De hecho, permite a la gravedad que relaje tu cuerpo desde la cabeza hasta la planta de los pies. Durante esta fase inicial, tómate tu tiempo para sentir realmente cómo el estrés y la tensión van desapareciendo. Siente cómo tu cuerpo y tu mente se relajan y se sueltan mientras permaneces consciente de ellos. Deja que la sonrisa ilumine tu mente.
Ya sabemos que, al igual que el cuerpo, la mente puede ponerse muy seria y entrar en tensión cuando sufre estrés. La sonrisa es una señal biológica, estimula la «química suavizante» que recuerda al cuerpo y a la mente que se aligeren. En este momento es importante prestar de nuevo atención al cuerpo y renovar nuestra consciencia de él. Necesitamos estar siempre con nuestro cuerpo si queremos estar totalmente presentes en nuestras vidas.
Con el tiempo, cuando vayas adquiriendo más experiencia en enseñar al cuerpo y a la mente a relajarse, atravesarás esta fase previa fácilmente. Continuarás aprendiendo cada vez más acerca de las consecuencias de la tensión y cómo librarte de ella. Dejarse ir es la forma más efectiva de soltar la tensión del cuerpo y de la mente. Cuando ambos se liberan de la ansiedad causada por la tensión y el estrés, pueden funcionar de forma más tranquila, flexible y fluida. Cuando el cuerpo haya vuelto a su estado natural, abierto y extendido, la mente lo seguirá y responderá de la misma manera.
Voy a pedirte que prepares el interior de tu mente inspirando la palabra calma. Pero antes déjame explicar lo que quiero decir con «inspirar una palabra».
Inspiramos una palabra al pronunciarla con un silbido silencioso mientras inspiramos. Ten en cuenta que cada palabra tiene su poder. Todas las palabras, incluso si no las pronunciamos, solamente al pensar en ellas, emiten una vibración en nuestra
mente. Cuando mentalmente formamos la palabra calma, la vibración que produce conduce la mente hacia la serenidad de manera natural. La dureza relacionada con el pensamiento se suaviza y una sensación de relajación liberadora invade la mente. La relajación es cada vez más profunda sólo con mantenernos en la sensación que se produce con la palabra calma.
El efecto es acumulativo. Cada vez que inspiramos la palabra calma o tranquilo, los sentimientos positivos a los que las asociamos refuerzan nuestra acción actual, y el resultado es que se incrementa la luz interior. De esta forma, la mente es cada vez más feliz, y una mente feliz puede concentrarse más fácilmente.
Ahora empieza a inspirar la palabra calma. Mientras respiras, siente realmente el efecto que la calma tiene en tu mente. Deja que el sentimiento de calma sature todo tu ser. Hazlo lo mejor que puedas, sin juzgar ni dudar de tu habilidad para llevarlo a cabo. Todos somos diferentes y viviremos esta práctica a nuestra manera. Pero cualquiera que la trabaje se beneficiará de los resultados.
A continuación, inspira la palabra claro, al igual que hiciste con la palabra calma. Repite este ejercicio tres veces. Para terminar, inspira las palabras más allá. Acuérdate de mantener la sonrisa durante este ejercicio. Suéltate, ábrete y expándete.
Estas instrucciones completan los ejercicios preliminares, que puedes realizar dondequiera que estés.
Experimentos científicos recientes demuestran que la atención tal en una palabra es tan efectiva como el movimiento físico para mantener la consciencia en el presente. Esta consciencia es esencial para dar a nuestra práctica un valor espiritual verdadero y, mientras la mantenemos, nos dirigimos hacia una genuina meditación.
Cuando hayas realizado estos ejercicios concienzudamente durante el tiempo necesario para desarrollar una pequeña cantidad de concentración en un objeto de meditación, estarás preparado para pasar a la siguiente fase.
AJAHN SUMANO
PRÁCTICA PARA LA CALMA Y LA CLARIDAD




me parece interesante el proceso para entrar en la relajación de la meditación. muchas gracias
Muchas gracias por acompañarnos.