Hoy día está de moda la práctica de atención plena, al punto tal que se ha vuelto una práctica y un objetivo en sí mismo. ¿Pero qué lugar ocupa en el buddhismo? ¿Tiene la misma función la atención plena que el mindfulness moderno?
Cuando hablamos de las enseñanzas buddhistas nos encontramos con sati, el término en pali que se traduce como atención plena o atención consciente. La particularidad en el buddhismo es que sati nunca es una cualidad solitaria o separada: siempre aparece dentro de un marco. Por ejemplo, forma parte del Óctuple Noble Sendero, de los Siete Factores del Despertar y de los cuatro fundamentos de la atención plena. Nunca la vamos a encontrar como una cualidad que, por sí misma, pueda conducirnos a un lugar.
Sati se tradujo en Occidente como mindfulness, término utilizado para llevar la atención al contexto clínico y médico, acompañando el tratamiento de enfermedades. Poco a poco se fue propagando al ambiente empresarial y laboral, hasta diluirse completamente en retiros de “atención plena”, mezclados con rituales chamánicos, consumo de drogas alucinógenas y todo tipo de tonterías.
Esta separación de la atención consciente no solo se distorsiona con facilidad, sino que queda completamente separada del objetivo del Buddha, que es servir como base y apoyo para la liberación del sufrimiento. Nadie puede negar los beneficios de esta cualidad, especialmente hoy con tantas distracciones y actividades que agitan la mente. La capacidad de estar en el momento presente es importante para una mente que divaga entre pasado y futuro. Pero ¿es suficiente?
Hasta un ladrón necesita atención consciente para que un robo salga a la perfección. Estar en el presente no implica que aquello a lo que atendemos sea hábil o beneficioso. De hecho, en la industria actual del mindfulness, la práctica se vende como remedio a la falta de rendimiento laboral, para estimular la mente y volver a las personas más productivas y consumistas. Algo muy lejano a lo que el Buddha enseñaba.
El Buddha reconoció que la atención consciente es un factor del despertar siempre y cuando se mantenga dentro del contexto del Óctuple Noble Sendero y de los Siete Factores del Despertar. De este modo, todo el proceso de desarrollo mental tiene una dirección clara: trascender el sufrimiento y sus causas.
Al comienzo, sati sirve de base para estar presentes; cuando estamos más presentes, sati sirve de apoyo para la investigación y el discernimiento, para comprender lo que es hábil e insano para el desarrollo de la mente. Mediante la investigación y el discernimiento, uno cultiva lo virtuoso, se aparta de las conductas que producen sufrimiento y comienza a reducir el apego, la aversión y la confusión. Con la atención establecida en lo virtuoso, el cuerpo y la mente se mantienen unificados: hay relajación, hay contentamiento, hay abandono de los estados aflictivos. Entonces la mente se vuelve un terreno propicio para el desarrollo de estados meditativos más profundos.
Como vemos en este último párrafo, la atención consciente sirve de base y de guía para cultivar otras cualidades virtuosas.
El Buddha nos estaba diciendo que, si la atención plena está al servicio de la buena conducta, de la comprensión de la realidad y del abandono de los estados aflictivos, entonces se perfecciona y se convierte en un verdadero cultivo de la mente.
El hecho de que la práctica de la atención plena no produzca los mismos resultados en la actualidad se debe a que la gente cree que estar presente es suficiente, y que luego, en la vida cotidiana, la atención puede estar en cualquier cosa con tal de que esté “aquí”. Pero el Buddha nos dice que la atención consciente es hábil dentro del marco de los cuatro fundamentos: cuerpo, sensaciones, mente y factores mentales.
Cuando vamos concretamente a la práctica meditativa, el Buddha nunca aconsejaba meditar solos y sin previa preparación. La práctica de los preceptos y la conducta es la base que permite adentrarnos de manera adecuada; comprender las enseñanzas nos permite entender lo que experimentamos, para no aferrarnos a puntos de vista erróneos frente a las distintas experiencias que surgen en la práctica. En este sentido, la atención consciente se nutre de la conducta, del discernimiento y de la orientación armoniosa, asegurándonos de avanzar en una dirección adecuada.



